El Día Internacional de la Mujer, a celebrarse este 8 de marzo, toma cada vez más fuerza en nuestro país. Este año, Chile se suma al llamado internacional con el ímpetu de un movimiento social cada vez más organizado y amplio. La agenda común es la acción política transversal para la visibilización de múltiples demandas y cuyo denominador común es el fin de la precarización de la vida de las mujeres. Hoy, espacios históricamente reticentes incluso a la sola presencia de las mujeres, se abren a la conversación respecto al rol de las mujeres. Pero, ¿Qué mujeres?, ¿Dónde están las demandas y liderazgos de lesbianas, bisexuales y trans (LBT) en este nuevo 8 de marzo?

Lo prudente es empezar situándonos históricamente. Desde ahí, primero vendría el feminismo y luego el movimiento homosexual. El feminismo histórico sienta las bases. Se trata de un trabajo conjunto que incluye en su quehacer, al menos, a las mujeres lesbianas y bisexuales, aunque sin levantar sus demandas específicas. Esto tiene sentido: se trata de mujeres movilizadas por lo que tenían en común y no necesariamente por sus diferencias.

Esta lógica nos obliga a preguntarnos por la diferencia: ¿Por qué entonces las mujeres LBT no han sido quienes lideren el movimiento homosexual chileno? Lo cierto es que durante un tiempo sí lo fueron. Descolgadas del feminismo y aún en militancia muchas de ellas, las mujeres lesbianas y bisexuales de la organización Ayuquelén, se transforman en el primer grupo abiertamente político de diversidad sexual en Chile.

Entonces, ¿Cómo sucede que hoy, a 35 años de la fundación de Ayuquelén, Chile no cuente con una ley de derechos filiativos que reconozca a las familias compuestas por dos madres o deje a la voluntad de las personas que trabajan en el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género si en los programas de la cartera se atenderá también a mujeres LBT? Aunque por supuesto algo de responsabilidad tenemos las mujeres LBT, lo cierto es que la doble o hasta triple discriminación por ser mujeres, lesbianas y/o trans nos deja a tras mano en la esfera pública. Los resultados de esto son evidentes: despolitización de la gran masa de mujeres LBT, ausencia de liderazgos reconocidos nacionalmente, desarticulación en relación a los grupos que debieran ser aliados primarios, normalización de la violencia, reticencia a efectuar denuncias, desconocimiento de las demandas e incluso de la población objetiva por parte de la clase política.

Este año será clave para las personas de la diversidad sexual y de género, y por tanto, clave para nosotras. El proyecto que reforma la adopción – que debiera incluir a parejas compuestas por personas del mismo sexo – se encuentra en segundo trámite y debiera tocar la ley de derechos filiativos. También está anunciada la discusión del proyecto de matrimonio igualitario que  además de incluir filiación debiera permitir avanzar hacia la regulación del vínculo filial independiente del estado civil de las madres y padres. El Gobierno ha anunciado que comenzará con la modificación a la Ley Antidiscriminación: la institucionalidad que debiéramos exigirle debe contemplar a las mujeres LBT.

Veamos el contexto, reconozcamos las oportunidades y hagamos de esta una lucha que es con mujeres lesbianas, bisexuales y trans o, simplemente, no es.

 

Isabel Amor

Directora de educación de Fundación Iguales.

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